Alejandra Cardozo vivía en el asentamiento San Javier. Ahí al lado del vertedero del mismo nombre. Vertedero que es sinónimo de basurero, de olor, contaminación, líquidos espantosos corriendo por las calles de tierra apisonadas. En el medio de ese ambiente familias enteras que se mueven como sombras lentas. Sombras separadas de los cuerpos que las proyectan.

Vertedero/basurero que es sinónimo de abandono del cuidado de la naturaleza, abandono del hombre por el hombre, la mujer por la mujer. Abandono de los que mandan a los que sufren. Al basurero va la basura a ser tirada, abandonada para que se pudra, para que termine su ciclo de utilidad y de vida.

 

Los deshechos de la sociedad son enviados allí. Todos pensamos que al “sacar la basura para que se la lleve el basurero” completamos un circuito. Nunca pensamos que el circuito tiene otras etapas que recorre la basura para su eliminación. (¿eliminación?)

 

Existe una vida para la basura después de que la declaramos basura y en esa parte del circuito hay personas a las que sometemos a esa tarea.

 

Que haya familias viviendo al borde del basurero habla muy mal de nosotros como sociedad.

 

Que haya familias que solo sobreviven de nuestros restos es aún peor.

 

Alejandra Cardozo vivía en ese lugar espantoso que es el Vertedero San Javier de Salta. Una desplazada más de una sociedad insensible, de Gobiernos ausentes, de un Estado que abandona.

 

Vivía allí con su niña de 2 años. Niña que no conoció sus derechos garantizados por ese Estado de cartulina, que presenta sus logros en un listado de planilla de computadora. Sin gente, sin agua, sin comida, sin trabajo, sin vida.

 

Alejandra Cardozo fue violada y asesinada. Atada de pies y manos con unos alambres probablemente caídos de algún camión de la basura que iba al dejar nuestra carga al “vertedero/basurero”. Sus gritos desesperados habrán sido tapados por los ruidos de las topadoras que remueven la basura y su ausencia habrá sido notada por el llanto de una niñita de 2 años que llamaba a su madre muerta ya.

 

Hace un año, casi exactamente, otra mujer, otra madre joven, apareció muerta en ese mismo lugar, casi exactamente el mismo lugar. Habitaba el mismo asentamiento al borde del mismo vertedero. Vertedero donde durante el 2022 murieron 3 personas aplastadas por esas topadoras que taparon el pedido de socorro de Alejandra.

 

La lucha de las mujeres personificadas este 8 de marzo tiene mucho camino por delante, porque no logramos avanzar en la reducción de las desigualdades en ningún ambiente social (o muy poco), pero cuando las necesidades son tan elementales como la supervivencia, la fuerza bruta se transforma en variable central de la relación entre las personas y en ese marco, con esa ausencia del Estado, la mujer es la víctima. Siempre ella. Y el hombre el victimario. Siempre él.

 

8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, hoy más que nunca.