Saben que estas últimas 3 semanas tuve que ir al banco a hacer trámites y me llamó la atención de que no había cola para que te atendieran en caja. Pero había una larga fila para refinanciar saldos y descubiertos de las cuentas y para cerrar cuentas.

¿Será el reflejo de la actividad económica?

 

Un comerciante amigo tenía 10 locales y tuvo que cerrar la mitad. No parece muy complicado de entender que la cosa va mal, pero cuando uno les pregunta dicen que ya van a salir adelante.

 

Le explico que, en 30 meses, este gobierno no te tiró ni un centro, pero igual, sigue empacado, porque —y aquí viene el tema central de esta columna— “lo anterior era toda ficción”.

 

¿Qué parte era ficción del cumpleaños de 15 que le pudiste hacer a tu hija, el conejo del mago tal vez? Porque los invitados se comieron y bailaron todo muy realmente.

 

¿Qué parte era falso de tus viajes de vacaciones a algún lado? Porque bien que volviste con un celular nuevo que todavía estás usando y te pesa realmente hoy en la palma de tu mano.

 

Claro, la motito que te compraste que te permitió dejar de ir a trabajar en bicicleta, era una fantasía.

 

Y la pieza que construiste en el barrio Piletones, que te permitió dejar de dormir con tus 5 hijos, es bien verdadera me parece.

 

Existe un discurso repetido que reza más o menos así: “les hicieron creer que un empleado podía comprarse esas cosas que hasta entonces estaban reservadas a cierta clase media alta, pero no les correspondían”.

 

Esa falsedad no se verificó como tal, te decían estos mentirosos, que por eso teníamos inflación. Pero con esas mentiras, la inflación era, en general, menor a la actual. ¿Qué falló, o era toda una mentira?

 

Ese discurso ingresó en las cabezas machaconamente y, sobre todo, introdujo un complejo de culpa en el pueblo que hace que hoy, a pesar de haber tenido que vender sus bienes, cerrar sus comercios, vender sus máquinas a precio de chatarra, sigan pensando que una sociedad más justa no es posible si no la aprueban los de siempre.

 

Vayan y hablen con los arbolitos de la calle España y pregunten ¿Qué está pasando? Todos te van a contar la misma cosa: los que me compraron dólares hace unos años, hoy los están vendiendo. Esto sí es la realidad.

 

Parece que algunos comienzan a reconocer que la cosa no anda bien.

 

Que eligieron mal.

 

Pero, sostienen que no quieren volver atrás. Miren, ese argumento es falso. Nunca se vuelve al pasado, porque nunca se repiten las condiciones objetivas de dominación, de libertad y de autonomía.

 

Existen gobiernos que defienden la soberanía y otros que la destruyen. Que aumentan las libertades y otros que las reprimen. Que pelean por la independencia y otros que se dejan dominar por los payasos del norte o de cualquier lado.

 

Hay que tomar partido ya.

 

¿Podemos salir desde lo provincial?

 

Estimo que si sostuviéramos al mercado interno podríamos mejorar las condiciones de vida. Quiero que pensemos juntos algunas alternativas:

 

¿Se puede renegociar las tarifas de los servicios públicos para que no sigan reduciendo el sueldo disponible para consumir en Salta? (los servicios aumentan más que la inflación y mucho más que los sueldos)

 

¿Se puede crear una línea de créditos para el desendeudamiento de las familias, tal vez incluyendo algún compromiso de salirse de las billeteras virtuales y que no participen de servicios de juego on-line? (últimamente se está verificando que los jóvenes toman crédito para jugar online —y ahí termina buena parte de esa plata)

 

Estas dos medidas, que pueden parecer imperfectas, ya las están aplicando algunas otras provincias.

 

Hay medios, falta decisión —y que, aunque sea, miren al pueblo que está sufriendo.

¿Tenés alguna otra propuesta que pueda andar?

 

En eso estamos.