Perdimos una final, pero ganamos en valor y entrega hacia nuestra Argentina

Estamos viviendo momentos difíciles para toda la humanidad. No sabemos q e es la realidad y qué es la fantasía. Es una paradoja, nuestro presente, ya que, con la internet, las redes sociales y demás herramientas tecnológicas, sentimos que estamos cada vez más integrados a un mundo nuevo con muchas oportunidades de ser algo o alguien. Sin embargo, cada vez estamos más solos y aislados del “OTRO”. Porque nos integramos a una inmensa comunidad universal, pero que en realidad no conocemos y muy lejos estamos de saber quiénes y cómo son. Ya no tenemos identidad propia, sino solo reflejos de lo que creemos que somos pro no somos.
Porque detrás de esa creación de un mundo virtual de amigos, estamos conectados a un mundo de fantasía que, no siempre responde a la realidad que buscamos o conocemos. Es un mundo mágico pero que no llenan, al final, lo que creíamos que seríamos dentro de esa inmensa y polifacética comunidad virtual.
Sin dudas que, sobre todo los jóvenes buscan encontrar, en ese mundo virtual, el mundo de sus sueños. Pero muchas veces se ven frustrados ante la imposibilidad de hacerlo realidad porque toda esa gran comunidad, que admira y se entrega de cuerpo entero, son ecos de algo que no se puede palpar como quisieran, para que sea verdad.
Y pongo como ejemplo, lo que nos sucedió en es último mundial, donde nuestra selección nacional argentina de fútbol, jornada tras jornada, fue alimentado una nueva ilusión de millones de argentinos de conquistar una nueva copa, sin embargo, nuestrasilusiones de conquistar nuevamente la copa mundial no fue posible.
Fue una una bofetada a esa ilusión, que nos devolvió a una realidad de todos los días. al devolvernos a la realidad de que, como todo en este mundo real, somos falibles y perdimos. Sin dudas que nos dolió, y mucho; pero es un dato e la realidad. Es lo que nos sucede diariamente, algunas cosas y en otras ganamos. Y así como en 2022 nos tocó ganar el campeonato del mundo, hoy nos tocó perder.
Sabemos que el campeonato mundial es una competencia. Todos quieren ganar y por eso compiten. Pero aún en la derrota, debemos tener la grandeza de asumirla; sobre todo cuando dejaste todo por salir airosos. Los argentinos fueron el reflejo de lucha, coraje y calidad que debemos aprender todos los argentinos.
En medio del Mundial, en cada parido que ganamos, el festejo tomó las calles, las casas, los bares. Pero además de fútbol, lo que festejábamos, era esa energía que se cuela por las grietas del cansancio social, que arma comunidad donde parecía haber fragmentación, que enciende una chispa en medio del invierno. Y de la desazón por estar como estamos , política, social y económicamente, también hay espacio y conciencia nacional de rebeldía, porque los argentinos se rebelaron ante el cepo que nos quisieron poner a un sentimiento nacional como lo es LAS MALVINAS SON ARGENTINA, y a pesar de los obstáculos que se pusieron en los estadios, finalmente, la selección argentina, con sus héroes dentro de la cancha, mostraron un trapo escrito a mano defendiendo nuestros derechos a recuperar nuestras Malvinas, y que tiene la memoria de tantos jóvenes argentinos, casi niños que dieron su vida por ella.
Nada ni nadie pudo impedir que los jugadores de la selección argentino, luego de ganar el partido frente a Inglaterra, recogieran en el centro del campo de juego el “trapo” de un sentimiento y memoria de todos los argentinos que se hizo viral. Repito, LAS MALVINAS SON ARGENTINAS. Algo que no se negocia a pesar de que el gobierno de Javier Milei, ya lo está haciendo entregándolas, a los ingleses, para la explotación del petróleo en el mar argentino.
Este mundial, de la mano de nuestra selección, los argentinos jugamos algo más que un torneo de fútbol. Les mostramos al mundo entero que nosotros amaos y queremos a nuestra patria, y que nuestra soberanía no se negocia.
Festejamos con nuestra selección… sufrimos con ella, pero también no evadimos nuestra responsabilidad de patriotas, y resistimos con todo lo que tenemos a manos: todavía no podrán con nosotros.
Nuestros gritos de festejos, con cada triunfo de la celeste, fuimos acuñando el presente y el futuro de que SOMOS ARGENTINOS, y que vamos a defender nuestra patria, muy a pesar de que algunos miren para otro lado, mientras pretenden rematar nuestro país y pisotear la memoria de tantos hombre y mujeres que dejaron su vida por una Argentina Libre y Soberana.
Por eso no es más oportuno una reflexión de un poeta y escritor uruguayo, con verdadero sentido latinoamericano
Estimado señor Futuro,
De mi mayor consideración:
Le estoy escribiendo esta carta para pedirle un favor. Usted sabrá disculpar la molestia.
No, no tema, no es que quiera conocerlo. Ha de ser usted un señor muy solicitado, habrá tanta gente que querrá tener el gusto; pero yo no. Cuando alguna gitana me atrapa la mano, para leerme el porvenir, salgo corriendo a la disparada antes de que ella pueda cometer semejante crueldad.
Y, sin embargo, usted, misterioso señor, es la promesa que nuestros pasos persiguen queriendo sentido y destino. Y es este mundo, este mundo y no otro mundo, el lugar donde usted nos espera. A mí, y a los muchos que no creemos en los dioses que nos prometen otras vidas en los lejanísimos hoteles del Más Allá.
Y ahí está el problema, señor Futuro. Nos estamos quedando sin mundo. Los violentos lo patean, como si fuera una pelota. Juegan con él los señores de la guerra, como si fuera una granada de mano; y los voraces lo exprimen, como si fuera un limón. A este paso, me temo, más temprano que tarde el mundo podría no ser más que una piedra muerta girando en el espacio, sin tierra, sin agua, sin aire y sin alma.
De eso se trata, señor Futuro. Yo le pido, nosotros le pedimos, que no se deje desalojar. Para estar, para ser, necesitamos que usted siga estando, que usted siga siendo. Que usted nos ayude a defender su casa, que es la casa del tiempo.
Háganos esa gauchada, por favor. A nosotros y a los otros: a los otros que vendrán después, si tenemos después.
Le saluda atentamente,
Un terrestre
Eduardo Galeano





