En el año 2000 se estrenó una película de acción marina, donde George Clooney era el capitán de un barco pesquero que, por supuesto, estaba desesperado por hacer unos mangos. Tanto él como su tripulación andaban arrastrándose en el puerto con sus penurias de marinero.
Deudas hospitalarias por familiares, alcoholismo de piratas abandonados, extorciones de capitalistas codiciosos e infidelidades de mujeres fatales.
¡Que menos pueden tener los marineros en un puerto de mala muerte en alguna costa del mundo!
Bueno, la cosa es que se lanzan a la mar con la esperanza de efectuar esa “captura” que los sacaría de pobres hasta la próxima borrachera.
Navegan, navegan y navegan sin sacar ni una mojarrita cuando les llega un mensaje de algún otro barco con la noticia de que por allá lejos estaba el súper cardumen.
Pero no sería una película de aventuras si no hubiera problemas. Ahí se desencadena una tormenta. Bruta tormenta.
Gran reunión en el barco para decidir qué hacían. ¿Se tirarían a pasar por el medio del huracán para ganar plata o se refugiaban en su puerto con su problema económico, su cirrosis hepática y su esposa infiel?
Y si hay aventura hay aventureros y entonces se lanzan a cruzar la tormenta. Hasta ahí una típica aventura de Hollywood que a mí me encantan.
De repente, cambio de escenario. Servicio Meteorológico de los EEUU, en las pantallas de satélites se ve que desde más allá, se arrimaba otra tormenta. Silencio de los meteorólogos, de los uniformados de blanco, las tazas de café se congelan en las manos de los actores, música de suspenso y la señora de anteojos, canosa, medio desprolija, (¿vieron que siempre hay un personaje así que da la posta?) esta señora dice sombríamente: SE JUNTAN LOS DOS HURACANES, SERA “LA TORMENTA PERFECTA” (Nombre de la película)
Piripipi, alerta, alerta, alerta, a todas las unidades, etc…….. se lo pueden imaginar y no les cuento el final para que la vean.
La imagen de la tormenta perfecta descripta como la sumatoria de dos tormentas, de dos olas del mal que se agregan entre si generando un mal mayor es muy potente. La idea de que 2 + 2 es mucho más que 4 en ciertas circunstancias.
Argentina está pasando y cada vez es peor, por una tormenta perfecta, solo que, a diferencia de los fenómenos meteorológicos, a estas tormentas las desencadenó Milei, su locura, su equipo de facinerosos y sus patrones.
La fuerte devaluación del 12 de diciembre de 2023 produjo un efecto que, como una piedra lanzada en un estanque, una piedra muy grande, genera olas que no se detendrán hasta encontrarse con una pared, una playa, ya veremos.
Se frenó la economía, primero los empresarios reales, los de los bienes y servicios, por desconfianza, para ver qué pasa, luego el gobierno la frenó por la necesidad de congelar el dólar para bajar la inflación, metió la economía en el congelador.
La economía está en crisis, con caídas en casi todos los rubros porque la baja de consumo provoca despidos, quiebras, deudas imposibles y cierres de comercios. Las fábricas funcionan al 50%, los comercios cierran, todo es así. Lo dicen los mismos empresarios.
Pero esto no está solo. También las finanzas están en crisis, la economía de los intangibles, de los pesos contra el dólar, de los bonos, letras, Bancos Centrales, Tesorerías, tienen su propia tormenta que siempre que se arman con estos modelos económicos resiste un tiempo hasta que comienza a acelerarse la caída y el viento de las tasas de interés se transforma en huracán. Arrastra a todo con ellas a la velocidad de la codicia de los fondos de inversión. Estamos en plena segunda tormenta. Cuando llegan a la costa se transforman en Tsunami.
Pero esto no es todo, cuando ya la cosa se hace insostenible, aflora la crisis ética y moral de un gobierno que castiga a los más desfavorecidos para robarle el dinero de los medicamentos y de las prótesis. Y lo hace desde lo más alto del poder. Indudablemente se trata de la crisis perfecta y aún faltan cosas por ver.
Esto de ahora es el corolario de los casos en el PAMI (a donde falta ver qué pasa con sus medicamentos también) las retenciones a los sueldos de los empleados de ANSES, las coimas para reunirse con el presidente, las entrevistas pautadas, las “granjas de trolls”, las licitaciones de letras a través de financieras de los funcionarios, el caso LIBRA, ETC. ETC.
En un final imaginario, sacudida por las olas, el viento, las ballenas que pasan volando por arriba de la cubierta, Neptuno lanzando rayos sobre el mástil y jalando al barco desde la quilla para hundirlo, la tripulación decide ingresar a la sala de mando y se lo encuentran al capitán al timón del barco, desnudo, envaselinado, borracho, drogado con clonazepán, con el pañal corrido a un lado echando olor y cantando, dirigiéndose directamente al ojo de la tormenta.
Y yo ahora me permito dejarles una pregunta: ¿Qué tendrían que hacer los marineros en esas circunstancias?
Economía real fundida, finanzas usurarias y la ética del Pirata Morgan nos pone en una crisis terminal. Hay que reaccionar antes de que se hunda la Nación.
Los dioses, siempre implacables, vomitan a los tibios.