La paz social depende de un interior integrado.Tenemos la mente colonizada por ese puerto/ciudad: Buenos Aires.

Nos convencieron que “el interior” es un problema, y nos compramos el modelo para Salta.

 

Y repitiendo la lógica porteña, lo hicieron artífice del desarrollo desequilibrado de la provincia.

 

Pensamos que el “interior” es un territorio al que hay que ayudar.

 

Esa idea es incorrecta y para Salta, peligrosa.

 

Porque mientras aceptamos esa colonización mental porteña, dejamos pasar la oportunidad más importante que tiene la provincia.

 

En Salta el mal llamado interior es la fuente de la riqueza, pero entonces, ¿por qué lo maltratamos y abandonamos?

 

No falta riqueza. Falta coherencia estratégica

 

El interior de Salta tiene recursos, actividad y diversidad productiva.

 

  • Tiene minería en expansión.

 

  • Tiene agroindustria.

 

  • Tiene economías regionales.

 

  • Tiene turismo.

 

  • Tiene universidades.

 

  • Tenemos las piezas del motor, nos falta el mecánico y el plano.

 

Nuestra provincia está desintegrada.

 

  • Producción sin articulación.

 

  • Sectores que no se conocen.

 

  • Regiones aisladas entre sí.

 

  • Valor que se genera… y se va.

 

Y cuando eso pasa, el resultado es siempre el mismo: El motor no arranca.

 

El problema no es económico. Es estructural.

 

La economía es como una máquina, anda bien si las piezas están ajustadas.

 

Pero el desarrollo solo va a llegar si pasamos de productores a creadores de bienes.

Porque se puede crecer exportando más.

 

Se puede ganar más con precios internacionales favorables.

 

Pero el desarrollo aparece cuando una economía deja de depender de lo que extrae de su tierra y pasa a depender de lo que hace con lo que extrae.

 

Necesitamos los lectores de los planos del motor.

 

Salteñas y salteños preparados en toda la provincia para ajustar esa máquina.

No repitamos lo que ya pasó

 

Salta ya conoce el camino que está recorriendo

 

Las forestales explotaron los bosques hasta que no quedaron cedros.

 

El petróleo en el norte se fue muriendo de la mano de las privatizaciones.

 

La agricultura se desarrolló sin industrializar nada.

 

Siempre lo mismo:

 

entra una actividad fuerte, crece rápido, genera ingresos… y no transforma la estructura productiva y el desarrollo no llega.

 

El motor no arrancó, la gente quedó afuera.

 

El interior hoy está fragmentado

 

No por falta de recursos sino por falta de integración.

 

Cada sector funciona por su cuenta.

 

Cada región resuelve como puede.

 

Cada oportunidad se desarrolla de manera aislada.

 

Eso tiene un costo enorme:

 

no hay escala,

 

no hay especialización,

 

no hay acumulación de capacidades.

 

Las piezas del motor siguen desarmadas.

 

Lo que está en juego no es el crecimiento. Lo que está en juego es la paz social.

 

Una economía desarticulada produce inseguridad en los hogares.

La gente queda afuera, sin trabajo.

 

Oponerse al desorden productivo implica:

 

  • Pasar de una sociedad rota a una comunidad organizada.

 

  • De una economía fragmentada a una economía integrada.

 

  • De industrias aisladas a grupos productivos.

 

En definitiva,

De piezas sueltas a un motor en marcha.

 

El límite no es el recurso

 

Es la falta de decisión para construir sobre ese recurso.

 

Porque desarrollar el interior no es solo invertir más.

 

Frente al abandono histórico que ha sufrido, el cambio es obligado:

 

  • preparar al pueblo para el nuevo desafío

 

  • agregar valor en origen industrializando la producción

 

  • construir la infraestructura que dinamice al territorio

 

  • empecemos por aquí, el pueblo espera, que arranque el motor.

 

El interior de Salta no es una promesa futura.

 

Es una oportunidad presente.

 

Pero también es un riesgo.

 

Porque si no se organiza,

 

si no se integra,

 

si no se construyen capacidades…

 

va a pasar lo mismo que ya pasó.

 

Si no cambiamos la estructura, la organización, dentro de algunos años tendremos la misma discusión, las mismas frustraciones.

 

Tenemos que descolonizar nuestros pensamientos.

 

Mirar al interior con su riqueza y construir el plano del futuro.

 

O el motor nunca arrancará y el pueblo quedará afuera.